10 noviembre 2007

UPOV Y CONTAMINACIÓN TRANSGÉNICA PRIVATIZARÁN LAS SEMILLAS CAMPESINAS

UPOV Y CONTAMINACIÓN TRANSGÉNICA PRIVATIZARÁN LAS SEMILLAS CAMPESINAS


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Ecologistas lanzan maíz transgénico en Asamblea Legislativa para denunciar la presencia de este tipo de granos en el país
Como una forma de llamar la atención de la ciudadanía sobre los peligros que implica el aprobar la Ley de Protección de Obtenciones Vegetales (UPOV-1991), decenas de ambientalistas costarricenses lanzaron hoy martes maíz transgénico en las afueras de la Asamblea Legislativa para pedir a los diputados no votar ese proyecto de ley, el cual es un requisito del TLC pero pone en peligro el conocimiento criollo de los campesinos e indígenas costarricenses.
La contaminación transgénica sobre las variedades de semillas nativas no es un hecho casual. Es precisamente una estrategia corporativa para que miles de agricultores que hoy guardan sus propias semillas empiecen a depender de las variedades monopolizadas con obtenciones vegetales y patentes del sector agroindustrial.
Es importante recordar que una semilla transgénica es aquella que fue manipulada genéticamente en un laboratorio y que jamás hubiese podido surgir de forma natural.
Estas semillas gozan de propiedad intelectual por parte de los laboratorios que las desarrollan, por lo cual si un campesino quiere usarlas deberá pagarle a la empresa “dueña” de esas semillas una cantidad de dinero para poder utilizarlas en sus tierras.
La convergencia en el campo entre las leyes de obtenciones vegetales y las nuevas biotecnologías en semillas (semillas transgénicas, farmagénicas entre otras) plantean un escenario muy lamentable sobre los derechos más elementales de los agricultores.






Fabián Pacheco, presidente de la Federación Costarricense para la Conservación del Ambiente (FECON), aseguró que “la contaminación transgénica es una realidad confirmada. La semilla campesina al ser polinizada con construcciones transgénicas privatizadas se convertirá en material corporativo, es decir, que tendrá un precio que deberá pagar el campesino”.
Este cruce convierte a nuestras variedades locales en material protegido bajo propiedad intelectual y patentes y, de esta forma, nuestras semillas criollas pasan a ser ilegales.
El polen y las semillas viajan con el viento, personas, insectos y animales. La contaminación transgénica es inevitable y esto sumado a la mercantilización de la diversidad agrícola por medio de leyes de semillas es el instrumento perfecto para la destrucción de las formas más tradicionales de agricultura.
De agricultores a delincuentes
La Ley de Protección de Obtenciones Vegetales, Expediente Legislativo Nº 16.327 (Convenio UPOV) establecería medidas cautelares (que se aplican sin una sentencia previa) contra los agricultores que usen semillas que son “propiedad intelectual” de una empresa transnacional sin haber pagado los derechos.
Estas medidas van desde la suspensión de la siembra, embargo de semillas o frutos, suspensión de exportaciones e importaciones y el pago de una fianza de garantía sin haber demostrado la culpabilidad de un agricultor.


Según Pacheco, “la única forma que tendrán los agricultores de resolver sus problemas de responsabilidad penal será destruir sus propias semillas; porque no hay manera de que los agricultores puedan distinguir entre semillas contaminadas y no contaminadas” concluyó.
El movimiento popular ecologista constituido como BLOQUE VERDE realiza con esta acción “un vehemente llamado a la Asamblea Legislativa a proteger a nuestros agricultores y semillas. Exigimos la no ratificación del convenio UPOV-1991” una de las 13 leyes de la agenda de implementación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos.
“Las semillas no son mercancía, son patrimonio de los pueblos al servicio de la humanidad”

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02 julio 2007

LIQUIDADOS Y LIQUIDADORES

Helio Gallardo.
“Pensar América Latina” es algo que usualmente no hacemos. La damos por descontada América Latina, así, como es o como viene. Con sus talentos multiculturales, eso sí discriminados por una jerarquización rígida (e hipócrita) que proviene de la Conquista y Colonia, y sus desagregaciones sociales que nos hacen producir empobrecidos económico-culturales a quienes referimos o a políticas públicas que, en el mejor de los casos, sacan de la miseria y abyección a unos cuantos, o a organismos no-gubernamentales que formulan proyectos, realizan auditorías o promueven expectativas entre sus clientelas en el mismo movimiento en que sus funcionarios aseguran un modus vivendi y, ocasionalmente, un prestigio de ‘expertos’. Por supuesto, también está la limosna individual con la que muchos querrán ganar, pese a que la conceden con acrimonia moral, créditos para el cielo. De pobres y miserables también se encarga la policía y, más terriblemente, los escuadrones de “limpieza social”. Entre las capas medias urbanas ver a un pobre activa la orden de “cambiar de acera”. Autoridades y estas mismas capas medias no suelen escuchar si este mismo pobre, en especial si es mujer e inmigrante, llama por teléfono celular.


Más difícil es que relacionemos esta América Latina, como la vemos o como viene, con sus posicionamientos en la división internacional, hoy mundial, del trabajo. Digamos, con la articulación de sus diversas regiones y poblaciones a la acumulación global de capital. Solemos conformarnos con ‘saber’ que somos parte de la periferia de este capitalismo, países (o economías) subdesarrolladas, incluso parte del Tercer Mundo. Un área con riquezas y bellezas naturales que, lástima, están pobladas por latinoamericanos escasamente competitivos, dudosamente eficientes, irregularmente eficaces: mala razas-pobre cultura empresarial. También venales, líricos, patriarcales, señoriales y, sin paradoja, obsecuentes y lambiscones. Pueblos que nunca hemos conseguido asumir el espíritu de la modernidad. Quizás porque el lambisconamiento y la sujeción formen parte efectiva de esa espiritualidad.

La línea anterior contiene un giro expresivo que demanda, debido a la organización de este discurso, una reflexión: “Pueblos que nunca hemos conseguido asumir”. ¿Existe este “hemos”? Si se lo prefiere: ¿Hemos, desde 1942, producido un emprendimiento colectivo, entre todos, para todos? Con diferencias, por supuesto, pero, aún así, ¿para todos? El concepto en juego es incluyente. Un emprendimiento colectivo incluyente. Ya mencionamos las desagregaciones, las jerarquizaciones rígidas e hipócritas (porque nuestras legislaciones dicen que no existen), la crueldad, el odio. Entre nosotros, ¿nosotros?, hasta el cristianismo bajo su versión católica se utiliza para discriminar (a laicas y laicos y no católicos) e incluso para odiar sin remordimiento ni castigo. Cabe recordar que administradores de la Seguridad Nacional (terror de Estado) como Augusto Pinochet (Chile) o Jorge Rafael Videla (Argentina), o personalidades dictatoriales renombradas como las de la familia Somoza en Nicaragua, fueron piadosísimos fieles de la Iglesia Católica (al igual que terratenientes, banqueros, grandes comerciantes, y más humildes guías de desplazados que los hacinan y abandonan en furgones, desiertos y ríos, soldados que asesinan a los humildes y cuyo estandarte a la cabeza luce el Sagrado Corazón de Jesús o alguna Virgen María en versión lugareña). Por supuesto, “incluyente” puede predicarse de muy diversas maneras. En el ‘orden’ construido por los latinoamericanos (o sea por sus sistemas de dominación) hasta el “desechable”, figura inventada por el paramilitarismo colombiano para identificar y cazar a quien debe ser asesinado para que existan la verdad, la belleza y la justicia, puede considerarse incluido: cómo imaginar paramilitarme la existencia sin un alguien que nos repugne de tal manera que resulta un imperativo moral liquidarlo. Los paramilitares colombianos constituyen una personificación en el límite del imaginario criminal que caracteriza la espiritualidad de los sectores dominantes en América Latina.

Obviamente, el imaginario-pensamiento anterior, el paramilitar o el clerical, no puede provenir de quien es liquidado. Pertenece a quien posee la capacidad para liquidar y, sobre todo, para quien juzga que su capacidad liquidadora quede impune. Y, todavía más, le conceda prestigio.

Solo por esto, tal vez, habría que pensar América Latina. La referencia es: existe una América Latina de los liquidadores y otra de los liquidados o que son puestos por los liquidadores en situación o condición de ser liquidados. Para que un guía falso abandone a emigrantes pobres y no deseados en el desierto o una mujer humilde y sola llegue a solicitar un empleo en la industria de maquila de Ciudad Juárez es necesario que, antes de su vejación y ejecución anunciadas, hayan sido puestos en situación familiar, laboral y existencial de vulnerabilidad extrema, que sus necesidades se hayan transformado en pesadilla, sus horizontes de esperanza en cursos de inglés (podría ser rumano) cuya factura en moneda dura resulta humanamente imposible de cancelar. En América Latina ser miserable consiste en una de las formas sociales de la impotencia radical y también en la ostentosa manera de tornarse vulnerable: entre nosotros los empobrecidos ocupan lugares sociales que convocan la violencia.

Parece suficiente razón para pensar América Latina el que entre nosotros (que no lo somos) existan naturalizadamente liquidadores y liquidados y la producción de situaciones que demanden la concurrencia de liquidadores y liquidados. No es excusa si esto ocurre también en otros lugares. A nosotros nos correspondió existir aquí. Y debiera resultar obvio que si en América Latina existen liquidadores y liquidados, entonces los liquidados no pueden, o al menos no deberían, sentir/pensar igual que los liquidadores. Con un ejemplo, los ´liquidados’, es decir los puestos día a día en condición de ser liquidados, no pueden imaginar/pensar abstracta o universalmente al hombre o ser humano que para otros, los prestigiosos, significa el que acosa, excluye y liquida y, para los liquidados, el que simula, se esconde, huye, repta, se desagrega, llora y es cazado.

Es normal que para los liquidadores esta realidad parezca natural, propia, y buena. Y no debería ser valorado excepcional, ingrato u odioso que los liquidados estén en desacuerdo. Tienen no la razón, invento de los liquidadores, sino sentimientos y muchas razones (argumentos y testimonio de existencia) para disentir.
En América Latina entonces se hace necesario pensar porque existen liquidados y liquidadores. Si los primeros no resienten las tramas sociales que los involucran y piensan, mueren. O no alcanzan su estatura virtual sociohistórica de sujetos, que es otra forma de ser asesinado. Una muerte doble. Quienes son puestos en condición de ser liquidados (en muchas regiones la mayoría) tienen la obligación de pensar. Escucho que alguien objeta: no, tienen la obligación de correr, de resistir, de luchar, de cambiar el mundo para que llegue a ser su mundo. Sí, pero para que la carrera no sea fuga que termina en la liquidación impune o en autodestrucción, se hace necesario correr y pensar, o pensar y correr. Y si esto es así para la oposición cercana al límite más bajo (correr, huir), entonces constituye una necesidad para resistir, luchar y cambiar el mundo. No se puede, estrictamente, tomar a mal que los liquidables piensen. En América Latina las minorías con dinero y prestigio (y poderes concomitantes) se lo toman muy a mal. Lo valoran insolencia y transgresión. “Comunismo”, “guerrilla” o “terrorismo” en lenguaje regional. Estos términos no designan nada específico: solo la insubordinación de quienes deben aceptar, y agradecidos, ser producidos como liquidables cuando los liquidadores lo estimen necesario e higiénico. O divertido.

Para los puestos en situación de liquidación, pensar se hace con el cuerpo y el espíritu. Incluye sentir, analizar, discernir e imaginar. Pensar, acción humana, es inevitablemente social. Y, para los puestos en condición de liquidación, lo social pasa por tramas de organización. Un liquidable sin organización ya está liquidado, aunque todavía respire, sus poros suden y sus ojos miren. En el pensar, ‘sentir’ hace referencia a la subjetividad: tener impresiones, emociones, sentimientos. Para quienes están destinados a ser acosados y liquidados es muy importante tener emociones y sentimientos vigorosos. Uno de ellos, aprecio por sí mismo. En lenguaje emocional, autoestima: aprender quererse desde si mismo, cuidado de sí, integración, para ofrecerse a otros. Es uno de los criterios de la organización. La organización consiste en un espacio o ámbito donde el liquidable puede sentir y testimoniar (irradiar) autoestima efectiva, material.

Cuando se es liquidable, pensar no puede quedarse en sentir. Emociones y sentimientos, aquí irritación, enojo y furia son positivos, y los sentimientos, en especial aquellos que alimentan la perseverancia (para los liquidados la memoria es un sentimiento, un tipo de afecto) deben prolongarse, vía la comunicación entre liquidables supuesta en los espacios de encuentro, mesas de trabajo y organización, en capacidad liquidable de analizar: descomponer, relacionar, explicar, prever. Sentir para discernir. Discernir (darse mapas mentales, conceptuales) para actuar. No se trata de tener la verdad, cuestión algo ociosa en un mundo en que el Espíritu Santo se opone a la reforma agraria campesina y hace acompañar su opción con policía, jueces, ejércitos, prensa, iglesias y ‘sentido común’. Que así es como sopla el espíritu por aquí, según los liquidadores. Entonces, mapas mentales que permitan a los liquidables llegar adonde se pretendía ir. Ojalá con economía de medios y de vidas. Para que no se entienda mal: la conversación fructífera solo es posible si se piensa desde la autoestima social. Esto para quienes desean hacer una crítica social, o sea darle un fundamento popular, al trabajo parlamentario.

Sentir para discernir. Discernir para actuar. Y actuar para incidir. Incidir para liberar, que así se traduce como acabar con las estructuras que producen liquidados y liquidadores. Hoy es un sueño. Se mata a mujeres, jóvenes, niños, ancianos, indígenas, campesinos, trabajadores, empleadas domésticas, deudores, estudiantes, creyentes religiosos, emigrantes, desplazados, afroamericanos, reivindicadores de derechos humanos, cooperativistas. Y se los suprime o mata o sujeciona de muchas maneras. La muerte de los liquidables no es una metáfora. Para quienes deben ser liquidados y resisten, ya sabemos, organizados, el sueño es la imaginación que construye horizontes de esperanza. Utopía la consideran. Sentir, analizar, discernir. Hacer crecer desde la autoestima una, o mucha, esperanza. Aprender a reconocer en uno mismo y en otros las capacidades, las carencias, las fuerzas, las debilidades para incidir sobre amigos y enemigos. Soñar con ser dioses, o sea testimoniar, incluso en la derrota, la espiritualidad moderna desplazada y usurpada violentamente por la dominación imperial y oligárquica en América Latina (quienes las personifican son los liquidadores S.A., estructuras especializadas de la propiedad/apropiación que excluye y degrada). Comprometerse sin romanticismo con la utopía de ser dioses no mata la trascendencia. Por el contrario, la nutre con autoestima y con furiosos, plurales, perseverantes y analíticos destacamentos populares. Dios, el de los liquidables que se resisten a ser liquidados, ofrece vida eterna a quienes testimoniaron con voluntad irreversible la aspiración al principio universal de agencia y la necesidad de constituir, lucha a lucha, combate a combate, la especie humana imaginada en su encuentro erótico con todas las cosas abiertas o en proceso de abrirse al impulso co-creativo. Si los liquidables no tuviesen sentimiento y sentido de trascendencia (utopía) no lucharían hasta el final. Irguiéndose después y desde cada una de sus muertes. Los liquidables resultan invencibles porque llegarán hasta el final del odio y la codicia. En esto consiste su vida eterna. La mirada de los liquidables atisba desde la lucha, con ella, ese final. La utopía es una región de la perseverancia. Para los liquidables, la perseverancia construye la esperanza. La perseverancia, una forma de acumular y de memoria, demanda pensar.

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28 abril 2007

NOS LLEVA EL DIABLO
Helio Gallardo

Publicado en Universidad, N° 1709 Abril, 2007.
En el inicio de la semana todavía llamada Santa se dieron dos nuevas señales del camino impúdico recorrido hasta el momento por el TLC de Estados Unidos con Costa Rica y de la turbiedad teológica con que alguno de sus defensores califica su rechazo como “nos lleva el Diablo” para aclamar su aceptación como comunión con el Espíritu Santo. En su columna regular en La Nación S.A., Jorge Guardia, nada sospechoso de ‘sindicalista’, terrorista ‘pasivo’, ‘fundamentalista’ o agente ‘pagado por Chávez’, determina, esta vez abiertamente, que el equipo encabezado por Trejos-González, otrora coreado como Dream Team, negoció mal y que sus errores no deben repetirse (LN: 3/04/07)..

Según Guardia, el trato debió copiar la secuencia chilena:i) abrirse al comercio internacional para tornar más eficiente la producción; ii), liberalizar servicios públicos y, sólo después (diez o más años de negociación),iii) firmar el TLC en el marco de una política de diversificación internacional del comercio. Aunque en este resumen se añadió algún detalle que Guardia no menciona, su principal omisión (de él) es que el piso anterior se hizo bajo una dictadura empresarial-militar de terror de Estado. El crimen puso en trance de vulnerabilidad y espanto a los trabajadores chilenos y a sus familias y semi aplastó a sus organizaciones políticas.
Los errores técnicos de Trejos-González y su pandilla, según Guardia, fueron: poca comunicación interna. Es cierto, oían pero no escuchaban. Los fundamentalistas de las “soberanías compartidas” tienen la verdad en el bolsillo, se burlan de quienes no piensan como ellos y se enfurecen cuando alguien los adversa. Insuficiente transparencia en la negociación. Si “transparencia insuficiente” es sinónimo de “secreta”, cierto también. Débil apreciación de temas jurídicos. Guardia estima que el TLC se resolverá en la Sala IV y que allí puede morir. Involucramiento innecesario de temas políticamente sensibles (Caja, ICE, por ejemplo) que generan polarización. Pues, sí, la generan. La última observación prolonga el punto de vista de R. Stewart (ex Movimiento Libertario): mercantilismo y excesiva resguardo a la producción nacional. Guardia ataca con particular furia a arroceros y textileros. Su lema es no proteger nunca al productor ‘nacional’. Bueno, no siempre se escuchan estos leñazos desde la derecha fundamentalista. Interesa aquí, sin embargo, el fondo: el TLC fue mal negociado y los hermanos Arias lo saben.
La otra señal fue concisa pero aún más degradante. El señor Diego Víquez Lizano, expresidente del IMAS en este gobierno, declara que los diputados que apoyan el TLC (yes men, lugartenientes, familiares, secretarias ejecutivas y oportunistas) ‘amenazan constantemente a los Arias si ‘no se producen cosas’ relacionadas con el Poder Ejecutivo’ (LN: 03/04/07) En sencillo, cambian sus votos por algo. Trafican con su voto.
Un TLC mal negociado y votado clientelista o mafiosamente. Y quienes se oponen al proceso y al paquete, aseveran Óscar y Rodrigo, llevan el país al Diablo.
info@heliogallardo-americalatina.info

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